Juego de miradas.

Me miras lejano. Tímida sonrisa asoma por mi boca al verte llegar. Dos besos, un hola y un infundado silencio de incomodidad. Te miro. Me miras. Aparto mi mirada. No existen palabras, estoy tan perdida… no sé como reaccionar. Solo la luna nos canta pequeñas baladas… su luz brillante me relaja… ha pasado tanto tiempo, hemos cambiado tanto. Me miras. Te sonrío. Me sonríes y mi alma se llena de ti. Locura absurda en aquel encuentro. Me hablas, pero no puedo escucharte…. estoy demasiado ocupada clavándote los ojos. Espero una reacción. No existe… no en tu rostro. Volvemos al silencio inicial y a mi mirada perdida entre la múltiple soledad del lugar. Parece que el cielo empieza a sudar. Me abrigas con tu chaqueta. Y entonces ocurre, el silencio ya tiene un motivo por el que existir. Nuestros deseos se funden, los labios se encuentran. En aquel banco, de aquella calle, de aquella ciudad ya solo queda la luna. Dispuesta a cantar baladas y a relajar nuestras dulces, tan dulces, miradas en un día oscuro de lluvia.